En México, la trata de personas, especialmente la explotación sexual de menores, ha evolucionado hacia métodos digitales que dificultan su detección. La captación de víctimas inicia a menudo con mensajes en redes sociales o falsas ofertas de trabajo, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
Este delito se ha desplazado a plataformas digitales como Instagram, aplicaciones de mensajería y videojuegos en línea, donde los agresores crean perfiles falsos para ganarse la confianza de adolescentes, principalmente entre 13 y 17 años, uno de los grupos más vulnerables en el país.
El proceso conocido como “grooming” se basa en la manipulación emocional progresiva, donde el agresor se presenta como amigo o pareja para generar dependencia y control, evitando el uso de la violencia directa.
Casos documentados por la Fiscalía General de la República y reportajes periodísticos muestran que mujeres extranjeras, principalmente venezolanas y colombianas, son captadas con falsas promesas de empleo como modelos o escorts. Al llegar a México, se les retienen documentos y se les obliga a integrarse a redes de explotación sexual.
Un ejemplo emblemático es el caso “Zona Divas”, una red que operaba a través de plataformas digitales para reclutar y explotar a mujeres en la Ciudad de México y otras entidades. La estructura fue desarticulada tras condenas judiciales, aunque sus métodos y fragmentación persisten.
