El historiador Cristóbal Villalobos Salas analiza en su obra “Fútbol y fascismo” cómo los regímenes totalitarios del siglo XX utilizaron el fútbol para fortalecer su control social y promover el nacionalismo.
Durante las dictaduras de Mussolini en Italia, el nazismo en Alemania y Franco en España, el fútbol se convirtió en una herramienta para distraer a la población de los problemas sociales y legitimar gobiernos autoritarios. Los gobiernos cooptaron las ligas nacionales, construyeron estadios emblemáticos y difundieron propaganda política vinculada al deporte en medios de comunicación.
Un ejemplo destacado es el Mundial de 1934 en Italia, donde Mussolini presionó para que su selección ganara a toda costa. Se nacionalizaron jugadores extranjeros y se impuso el saludo fascista en los partidos. El torneo estuvo marcado por arbitrajes favorables al equipo anfitrión, como en el partido conocido como “La batalla de Florencia” contra España.
En la actualidad, el autor señala un paralelismo con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien en el Mundial de 2026 permitió que el jugador estadounidense Folarin Balogun participara en un partido pese a una expulsión que debería haberlo inhabilitado. Esta decisión, influida por presiones políticas, ha sido vista como una muestra de la pérdida de independencia de la organización.
El análisis de Villalobos Salas destaca cómo el fútbol sigue siendo un escenario donde se reflejan intereses políticos y se cuestiona la integridad de sus instituciones.
