El desabasto de medicamentos en México persiste a pesar de que las instituciones cuentan con recursos para su adquisición. El problema principal radica en la distribución, un eslabón clave que ha sido desarticulado, afectando la llegada de medicinas a los pacientes.
El Estado es el mayor comprador de medicamentos en el país, con un presupuesto estimado en 284 mil millones de pesos para 2026-2027, destinado a adquirir casi cinco mil millones de piezas. Esto le otorga un potencial control sobre el mercado y los precios, pero la problemática va más allá de la compra.
La cadena económica de los medicamentos incluye cuatro etapas fundamentales: extracción de materias primas, producción, distribución y consumo. En México, la distribución ha sido el paso más afectado, lo que explica en gran medida la escasez actual.
Antes, los distribuidores fungían como intermediarios entre laboratorios y compradores, facilitando la circulación de medicamentos y permitiendo que los productores se deshicieran de sus lotes. También ayudaban a regular el mercado, compitiendo por grandes contratos y manejando inventarios que, aunque podían influir en precios, garantizaban la disponibilidad.
La decisión del gobierno federal de eliminar este esquema de distribución con el argumento de combatir la corrupción ha generado un vacío que dificulta la entrega eficiente de medicinas. La compra centralizada y la supresión de intermediarios han complicado la logística y la oferta, provocando desabasto en el sistema de salud.
