El sacerdote de 67 años fue liberado con lesiones físicas y psicológicas; la investigación por privación ilegal de la libertad sigue abierta.
El sacerdote Clemente Morales Topete, de 67 años, fue secuestrado, torturado y amenazado de muerte durante tres días en Culiacán, Sinaloa. El hecho ocurrió el sábado 24 de octubre de 2026, cuando Morales Topete fue interceptado por un grupo de personas desconocidas al salir de una consulta médica en el fraccionamiento Montebello, al sur de la ciudad. El sacerdote abordó una camioneta Toyota Hilux gris oscuro y, tras perderse su rastro, fue reportado como desaparecido luego de no presentarse a una misa programada para las 17:00 horas.
Durante el cautiverio, Morales Topete fue trasladado a un lugar desconocido, donde fue golpeado, quemado en distintas partes del cuerpo y amenazado de muerte en reiteradas ocasiones. Los agresores le exigieron información que, según declaraciones, él no podía proporcionar. El sacerdote permaneció privado de la libertad durante tres días hasta que, el martes 27 de octubre, logró regresar por sus propios medios a la casa parroquial, conduciendo su camioneta y presentando lesiones evidentes.
A su llegada, integrantes de la comunidad religiosa, otros sacerdotes, un médico y autoridades acudieron para brindarle atención inmediata. Posteriormente, Morales Topete fue trasladado a una clínica para recibir atención especializada. Aunque las lesiones físicas no representaban un peligro inmediato para su vida, el sacerdote presentó afectaciones psicológicas y emocionales derivadas de las amenazas sufridas. Actualmente, continúa bajo observación médica y su evolución es favorable.
La fiscal general de Sinaloa, Claudia Zulema Sánchez Kondo, confirmó el 30 de octubre que el sacerdote presentaba lesiones en distintas partes del cuerpo y que ya había rendido su declaración ante las autoridades. La carpeta de investigación permanece abierta por el delito de privación ilegal de la libertad y lo que resulte.
La Diócesis y el obispo Jesús José Herrera Quiñónez condenaron las agresiones, señalando que las torturas físicas y psicológicas, así como las detenciones arbitrarias, son contrarias a la dignidad humana. El obispo agradeció la intervención de las corporaciones de seguridad, pero advirtió que las acciones implementadas no han sido suficientes para devolver la tranquilidad a Culiacán, en medio de la violencia relacionada con la disputa interna del Cártel de Sinaloa. La Diócesis pidió fortalecer las estrategias de prevención, seguridad, búsqueda de personas desaparecidas, procuración de justicia y atención integral a las víctimas. Además, convocó a la sociedad a trabajar en favor de la reconciliación y el respeto a la vida, y solicitó respetar el proceso de investigación evitando difundir información que pudiera comprometerlo.
