El aumento de la deuda externa y el descontento social en México generan preocupación por escenarios similares a las recientes manifestaciones europeas.
Las manifestaciones violentas que se han registrado en Francia, Bélgica, Portugal, Italia y Albania, impulsadas por el alza en el costo de vida, servicios, vivienda y educación, han encendido alertas sobre la posibilidad de que episodios similares ocurran en México. En Europa, estos disturbios han sido agravados por el encarecimiento del petróleo y productos básicos, resultado de presiones arancelarias de Estados Unidos y la invasión rusa a Ucrania. Además, las políticas migratorias de Emmanuel Macron en Francia y Pedro Sánchez en España han generado desplazamientos y malestar social.
La situación financiera europea también es crítica: en algunos países, la deuda externa supera el 50% del Producto Interno Bruto, dificultando su pago y contribuyendo al clima de inconformidad. En México, la deuda externa ha crecido de 10.5 billones de pesos durante el sexenio de Enrique Peña Nieto a 22 billones bajo la administración de AMLO y Sheinbaum. Para 2027, la nueva Ley de Ingresos autorizó un préstamo adicional de 1.7 billones de pesos, y el pago de la deuda representa ya cerca del 40% del PIB nacional. La calificadora HR Ratings ha reducido la perspectiva de la capacidad gubernamental para enfrentar la deuda a largo plazo.
El contexto social mexicano muestra señales de tensión. El programa ‘Jóvenes Construyendo el Futuro’ suspendió su dispersión en el último trimestre de 2026, lo que podría aumentar el descontento entre los jóvenes. Además, en Guadalajara se registraron manifestaciones violentas relacionadas con la crisis del agua, evidenciando que el hartazgo social puede detonar protestas en el país.
Históricamente, movimientos sociales en Francia han tenido eco en México. En 1968, una revuelta estudiantil en Francia precedió a la radicalización de protestas mexicanas que culminaron en la masacre de Tlatelolco. Aunque los contextos actuales son distintos, el paralelismo en el descontento social y las presiones económicas alimenta la preocupación de que México pueda experimentar manifestaciones similares a las recientes en Europa.
