La independencia de las colonias inglesas en América del Norte y la formación de Estados Unidos marcaron un hito en el siglo XVIII, con repercusiones que influyeron en movimientos independentistas en América Latina, incluyendo México.
Las trece colonias establecidas en la costa atlántica mantenían una relación relativamente estable con Inglaterra, aunque con cierto grado de autonomía. Sin embargo, en 1765, el aumento de impuestos como el del timbre y el impuesto al té, impuestos sin consulta previa a las colonias, generaron descontento y provocaron la revolución.
El conflicto escaló con eventos como el saqueo de un cargamento de té en Boston, y llevó a la formación del Congreso de Filadelfia, que en 1774 proclamó la Declaración de Derechos y en 1776 declaró la independencia. Tras años de guerra, con apoyo francés y español, los colonos lograron la victoria y el reconocimiento internacional de su soberanía en 1783.
La Declaración de Independencia, leída en Filadelfia, estableció principios fundamentales como la libertad, igualdad y fraternidad, que también inspiraron otros movimientos revolucionarios. Estados Unidos adoptó una república democrática con una Constitución escrita en 1787, que enfatizó los derechos individuales y la soberanía ciudadana.
Este modelo sirvió de referencia para diversas naciones latinoamericanas, incluida México, que adoptó un sistema federal similar. La independencia estadounidense demostró la posibilidad de liberarse del dominio colonial, influyendo en la construcción de nuevos estados en la región.
