Aunque México registra uno de los mayores avances en participación laboral femenina de América Latina, persisten profundas desigualdades salariales, dificultades para emprender y barreras para acceder a puestos de liderazgo.
Hermosillo, Sonora, 8 de octubre de 2026. — La incorporación de las mujeres al mercado laboral mexicano ha registrado avances importantes durante las últimas dos décadas. Sin embargo, tener acceso a un empleo no necesariamente significa contar con mejores ingresos, estabilidad económica u oportunidades de crecimiento profesional.
Esta es una de las principales conclusiones del análisis presentado por Andrea Tapia, estudiante de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad Iberoamericana (IBERO), quien advierte que el verdadero desafío para México ya no consiste únicamente en incrementar la participación femenina en la economía, sino en garantizar condiciones laborales más equitativas.
Uno de los datos más reveladores se encuentra entre quienes trabajan por cuenta propia: mientras los hombres perciben en promedio 9 mil 600 pesos mensuales, las mujeres obtienen alrededor de 5 mil 700 pesos, lo que representa una diferencia cercana al 40%.
México avanza en participación laboral, pero persisten las desigualdades
De acuerdo con el análisis retomado por la especialista, México registró un incremento de 14 puntos porcentuales en la participación laboral femenina entre principios de la década de 2000 y el periodo 2022-2024.
Este crecimiento colocó al país en la segunda posición entre cinco economías latinoamericanas estudiadas, únicamente por debajo de Chile, donde el avance alcanzó 22 puntos porcentuales.
Argentina registró un incremento de 12 puntos, Colombia de seis y Brasil de cuatro.
La incorporación de más mujeres al trabajo remunerado también se observó entre aquellas que tienen responsabilidades familiares.
Entre 2003 y 2023, la participación laboral de madres con hijos menores de seis años pasó de 43% a 53%, mientras que entre mujeres con hijos de seis a 12 años aumentó de 53% a 63%.
En el caso de las mujeres sin hijos menores de 13 años, el indicador creció de 54% a 66%.
Estos resultados muestran una transformación importante en la presencia femenina dentro de la actividad económica, aunque también evidencian que la maternidad continúa relacionada con diferencias en las oportunidades laborales.
Más educación no siempre significa mejores salarios
Otro factor determinante ha sido el incremento en la escolaridad femenina.
Según el análisis, el promedio de años de estudio de las mujeres mexicanas pasó de 7.1 a 9.4 años, una mejora a la que se atribuyen aproximadamente cinco de los 14 puntos porcentuales de crecimiento en su participación laboral.
Sin embargo, contar con mayor preparación académica no ha sido suficiente para eliminar las desigualdades.
Tapia advierte que las mujeres continúan concentrándose en un número reducido de actividades económicas, particularmente en el comercio y los servicios personales.
Aproximadamente una cuarta parte de las trabajadoras se desempeña en el comercio y una proporción semejante en servicios personales, sectores caracterizados, de acuerdo con la especialista, por menores niveles de productividad, elevada informalidad y oportunidades limitadas de crecimiento salarial.
Esta concentración representa un obstáculo para mejorar los ingresos y acceder a empleos con mayores posibilidades de desarrollo.
Emprender tampoco garantiza igualdad económica
Ingreso mensual promedio de trabajadores por cuenta propia en México
Mujeres
$5,700
Hombres
$9,600
Diferencia aproximada: 40.6%. Cifras retomadas del análisis de Andrea Tapia, IBERO.
Las diferencias económicas también se reflejan en las posibilidades de desarrollar negocios propios.
De acuerdo con las cifras expuestas, únicamente el 3.4% de las mujeres que trabajan por cuenta propia emplea a otras personas, frente al 7.5% de los hombres.
Esto significa que más del 96% de las trabajadoras independientes no cuenta con personal contratado, situación que refleja las dificultades para convertir una actividad económica individual en un negocio con capacidad de expansión y generación de empleos.
La diferencia también plantea interrogantes sobre el acceso al financiamiento, las oportunidades comerciales y las condiciones necesarias para que los emprendimientos encabezados por mujeres puedan crecer.
Las responsabilidades familiares siguen condicionando el empleo
Uno de los principales obstáculos identificados por la especialista es la distribución desigual de las tareas domésticas y de cuidado.
El análisis señala que el 72% de las mujeres trabajadoras sin hijos labora al menos 35 horas semanales. Sin embargo, entre quienes tienen de tres a cinco hijos, esa proporción disminuye al 60%.
Para Tapia, esta diferencia pone de manifiesto cómo las responsabilidades familiares pueden limitar el tiempo disponible para desarrollar actividades remuneradas.
La situación no solamente influye en la cantidad de horas trabajadas, sino que también puede repercutir en las oportunidades de ascenso, capacitación y crecimiento económico.
Un desafío que también invita a reflexionar en Hermosillo
Aunque los datos corresponden al panorama nacional y no presentan cifras específicas de Hermosillo o Sonora, el análisis abre una discusión relevante para la capital sonorense, donde el comercio, los servicios, la industria y los pequeños negocios forman parte de la actividad económica.
La necesidad de impulsar mejores oportunidades laborales para las mujeres plantea retos para empresas, instituciones educativas y autoridades, particularmente en materia de capacitación, conciliación entre la vida familiar y laboral, acceso a oportunidades de desarrollo empresarial y condiciones salariales equitativas.
El estudio también invita a mirar más allá de las cifras de ocupación: no basta con conocer cuántas mujeres tienen trabajo, sino cuánto ganan, en qué condiciones laboran y qué posibilidades reales tienen de mejorar su situación económica.
El reto: no solamente más empleos, sino mejores oportunidades
Para Andrea Tapia, el crecimiento de la participación femenina representa un avance significativo, pero todavía insuficiente para alcanzar una verdadera igualdad de oportunidades.
El desafío consiste en que más mujeres puedan acceder a empleos mejor remunerados, desarrollar negocios con capacidad de crecimiento y ocupar posiciones de liderazgo en condiciones comparables a las de los hombres.
La pregunta central ya no es únicamente cuántas mujeres se incorporan al mercado laboral, sino qué tan justas y favorables son las condiciones en las que trabajan.
En un país donde las mujeres han incrementado su preparación académica y presencia económica, cerrar las brechas de ingresos y oportunidades continúa siendo una tarea pendiente.
Fuente: Análisis de Andrea Tapia, estudiante de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad Iberoamericana (IBERO), con base en información sobre participación laboral femenina en América Latina.
Nota editorial: Las cifras y declaraciones proceden del material proporcionado y no fueron verificadas de manera independiente. La referencia a Hermosillo es contextual; no implica que los indicadores nacionales correspondan específicamente al municipio.
