Keir Starmer anunció su renuncia como primer ministro del Reino Unido luego de enfrentar meses de presión dentro de su propio partido, el Partido Laborista.
La decisión de Starmer ocurre en un contexto de creciente descontento entre los miembros del partido, que cuestionaban su liderazgo y dirección política.
Su salida abre un proceso para elegir a un nuevo líder que pueda consolidar la unidad interna y enfrentar los retos políticos del país.
