Autoridades iraníes señalan a países europeos con bases estadounidenses y consideran modificar la política de alcance de misiles balísticos.
El 2 de noviembre de 2026, Manuchehr Mottaki, exministro de Relaciones Exteriores y actual legislador iraní, advirtió que un próximo enfrentamiento armado entre Irán y Estados Unidos no se limitaría a Medio Oriente y podría extenderse hasta territorio europeo. Mottaki señaló que la guerra “no será regional” y que Irán considera responder “sin restricciones geográficas” ante cualquier nueva agresión estadounidense.
El líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, ordenó a las fuerzas armadas prepararse para responder de manera inmediata y sin limitaciones geográficas. Voces del sector conservador iraní identificaron a Reino Unido, Italia, Grecia y Alemania como países europeos que albergan instalaciones militares estadounidenses y proporcionan apoyo logístico a Washington, lo que los coloca como posibles escenarios de conflicto en caso de una escalada.
Actualmente, la política oficial de Irán limita el alcance de sus misiles balísticos a aproximadamente 2 mil kilómetros. Sin embargo, especialistas militares han señalado que algunos modelos, como el misil Khorramshahr, podrían superar ese rango y alcanzar hasta 3 mil kilómetros bajo ciertas configuraciones. Hasta el momento, no existe confirmación de que Irán haya adoptado formalmente una nueva política para ampliar el alcance de sus misiles.
En el ámbito legislativo, Mohammad-Saleh Jokar, presidente de la Comisión de Asuntos Internos del Parlamento iraní, propuso autorizar el uso de armas disuasorias, incluidas nucleares, en caso de una nueva operación militar estadounidense contra Irán. Jokar también planteó suspender la cooperación con el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), aunque esta propuesta es individual y no representa una decisión oficial del gobierno iraní.
Estas advertencias se producen tras la ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026. En respuesta, Irán realizó represalias contra instalaciones militares estadounidenses en países del Golfo Pérsico y ataques contra territorio israelí e infraestructura regional. Aunque se han alcanzado acuerdos para detener enfrentamientos de gran escala, persisten diferencias sobre el programa nuclear iraní, sanciones económicas y el control del estrecho de Ormuz. Continúan los esfuerzos diplomáticos con mediadores de Qatar para resolver la tensión.
