Activistas señalan que la accesibilidad debe considerarse desde el diseño de dispositivos, obras públicas y trámites digitales.
En Hermosillo, la presencia de tecnología en la vida diaria es cada vez mayor, abarcando desde trámites y pagos hasta aplicaciones de traslado y comunicación. Sin embargo, la utilidad real de estas herramientas para personas con discapacidad depende de que sean accesibles desde su diseño. Ian David Figueroa Higuera, activista y fundador de Otro Sentir, destaca que funciones como asistentes de voz y opciones de accesibilidad en celulares facilitan tareas cotidianas según las necesidades de cada usuario. Figueroa Higuera utiliza lentes inteligentes conectados por Bluetooth, que le permiten contestar llamadas y controlar su teléfono mediante comandos de voz, sin requerir movimientos adicionales.
Desafíos en espacios públicos y obras
El acceso seguro a espacios públicos sigue siendo un reto. El paso peatonal frente a la Universidad de Sonora, por ejemplo, carece de señales auditivas para personas con discapacidad visual y el tiempo de cruce, de 30 segundos, es insuficiente para quienes tienen movilidad limitada. Figueroa Higuera considera que este periodo debe ampliarse para garantizar la seguridad de todos. Señala que una obra pública accesible requiere considerar materiales, inclinaciones, tiempos de cruce y señalización, así como la participación de personas con distintos tipos de discapacidad en todas las etapas del proyecto, desde la planeación hasta la evaluación.
Trámites digitales y plataformas inclusivas
El proceso de digitalización de trámites en Hermosillo avanza lentamente y muchas plataformas aún no son plenamente accesibles. Otro Sentir desarrolla un prototipo de plataforma que busca concentrar trámites y servicios para personas con discapacidad, cuidadoras y personas neurodivergentes, además de evaluar la accesibilidad de establecimientos y servicios.
Inteligencia artificial y costos de vida
La inteligencia artificial representa una oportunidad para mejorar la autonomía de personas con discapacidad, siempre que sus experiencias sean consideradas desde el inicio del desarrollo tecnológico. Aunque se prevén cambios en el mercado laboral, aún es temprano para conocer todas sus consecuencias. Las personas con discapacidad enfrentan costos de vida más altos debido a la necesidad de adquirir dispositivos y servicios especializados. Por ello, las tecnologías de asistencia deben ser vistas como herramientas vinculadas al derecho a la accesibilidad, no como artículos de lujo. Figueroa Higuera enfatiza que la accesibilidad debe ser un criterio en la asignación de recursos públicos y en la planeación de obras, con el objetivo de crear productos y servicios utilizables por todas las personas desde su origen.
