En Hermosillo, Sonora, la colección de tazas más grande del mundo, reconocida por Guinness World Records, sigue siendo un símbolo del legado de la maestra jubilada Celia Porchas. La colección, que comenzó en 1980 como un regalo familiar, ha crecido con aportaciones de amigos, familiares y exalumnos, consolidando a Hermosillo en el mapa internacional por esta peculiar marca.
La historia inició cuando la hermana de Celia, Lidia, le obsequió la primera taza. A partir de ese detalle, la colección fue aumentando paulatinamente gracias a la entrega constante de piezas por parte de quienes conocían a la maestra. Para organizar el creciente número de tazas, Celia implementó un sistema de registro meticuloso en el que se anotaba el nombre del donante, la fecha de entrega y un número de secuencia para cada taza.
Debido al incremento significativo de la colección, la infraestructura del hogar de la familia en la colonia San Benito se adaptó para albergar miles de tazas. Se instalaron estantes en forma de rombo en la cocina, además de sistemas de sujeción en paredes y techos, e incluso se construyeron habitaciones adicionales para acomodar las piezas.
En 2005, bajo la gestión de su nieto Rodrigo Alberto Peña Porchas, se logró la certificación oficial del récord Guinness con un total de 5,533 tazas. Para entonces, la colección ya había recibido reconocimiento mediático y académico, incluyendo traducciones oficiales avaladas por la Universidad de Sonora y una fe de hechos notarial.
Para el momento del fallecimiento de Celia en 2022, la colección había superado las 17,000 tazas, reflejo del compromiso sostenido durante más de cuatro décadas. La variedad de donantes es amplia, incluyendo deportistas, figuras políticas y artistas, como el payaso Cepillín, quien visitó el hogar y dejó una taza autografiada como muestra de su vínculo con la maestra.
Actualmente, la familia enfrenta retos para convertir el espacio en un museo público, principalmente por las condiciones legales y logísticas relacionadas con la donación del inmueble. Por ello, han enfocado esfuerzos en actualizar formalmente el récord Guinness, un proceso que implica costos y logística, pero que consideran viable gracias a la documentación y experiencia acumulada.
Para la familia, el valor de esta colección va más allá de la cantidad de tazas; representa la disciplina y el cariño que Celia Porchas cultivó a lo largo de su vida, así como la red de relaciones humanas positivas que construyó como maestra y miembro activo de su comunidad.
