El gobierno de China, bajo el liderazgo de Xi Jinping, ha intensificado el control sobre la economía y la sociedad, restringiendo la libertad política y limitando las inversiones de su clase media en mercados extranjeros.
El economista Minxin Pei, en su libro “The Broken China Dream”, analiza cómo China regresa a un modelo totalitario similar al de épocas pasadas, donde el poder se concentra en un solo líder y el Partido Comunista mantiene un control estricto sobre la población y la economía.
Durante la era de Deng Xiaoping, China adoptó un capitalismo acelerado sin modificar su estructura política autoritaria, permitiendo un crecimiento económico notable pero sin avances democráticos. Sin embargo, las recientes medidas de Xi Jinping buscan reforzar el control estatal, limitando la movilidad internacional de los ciudadanos y restringiendo sus inversiones en mercados extranjeros.
El gobierno ha impuesto un plazo de dos años para que los chinos liquiden sus cuentas en bolsas como Hong Kong y Singapur, además de prohibir nuevas compras en valores extranjeros. Estas acciones reflejan una política que prioriza el control sobre la apertura económica y la libertad financiera.
A pesar de la existencia de mercados de valores nacionales, estos son percibidos como poco confiables debido a la intervención constante del Estado, lo que genera incertidumbre entre los inversionistas chinos.
